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Se acabo el Show de Paulina Rubio y Colate


Se acabo el Show

Imagen de archivo.

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Paulina Rubio y Nicolás Vallejo Nájera, Colate para los siglos, han firmado, al fin, el papel último de su divorcio contencioso. Llevaban años de mucha trifulca administrativa, en Miami, con lo que casi les ha durado más el desacuerdo que el matrimonio. Y quizá sin el casi. Parece que también han llegado a un acuerdo regulador a propósito del hijo, Andrea Nicolás. De modo que a Pau ya no se le antoja Colate “un mal padre”, que es lo primero que soltó ante la juez, en su día. A mí estas atareadas gentes, Pau y Colate, me han dado un cabreo, la verdad, con el acuerdo, porque teníamos mucha amenidad con este divorcio imposible, y por capítulos, donde los protagonistas se hablaban enviando al abogado en vigor, aunque estuvieran vecinos de asiento, en aquellos juzgados de palmeral. Ellos estarán muy contentos, pero nosotros no tanto, porque nos daban entretenimiento las galas de crisis de la pareja, primero, y luego las galas de los letrados respectivos, mucho más allá de las galas laborales de la mexicana, donde nos importaba más el ropero que el cancionero. De modo que no nos dieron ningún susto, cuando se separaron. Y ahora sí nos han dejado un poco en el disgusto, porque si a partir de ahora van a llevarse bien, lo mismo hasta nos dan un poco igual. La separación de esta pareja se anunció tanto que casi era más noticia que siguieran juntos. Pero al final dejaron de estarlo, se metieron en pleitos, y empezó el show. El show se nos acaba ahora, me temo, y ya no vamos a oir eso de que tenían “una relación insoportable”, o que se casaron “casi enfadados”, que es lo que nos contaban a veces los amigos más o menos transoceánicos. La Rubio es mucha rubia, sí. Para saber esto no hace falta frecuentar mucho a la cantante, porque lo sabíamos hasta los que nos la cruzamos un par de veces, cuando era una monada sargento que iba con Ricardo Boffil. La antipatía la ejercía de oficio natural, como la minifalda. La Rubio, a menudo, se pasaba de rubia, y eso ya se lo sabía bien Colate cuando se ocupó, en la boda mexicana, del “despliegue logístico”, por decirlo en su argot de marido entregado de entonces. Se acabaron, como pareja. Colate no abandonará Miami, y Pau irá de aquí para allá, sin novio, de momento, que le lleve el equipaje de caniche por los aeropuertos.

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